ANABEL Y RICARDO: UNIDOS POR LA CORTE

Fernández Sagasti y Falú, una historia sin amor
Fernández Sagasti y Falú, una historia sin amor

Ricardo Falú fue la mano de obra de Néstor Kirchner para destituir a los miembros de la Corte menemista. Después de hacer el trabajo sucio fue alejado y maltratado por los K, que no le permitieron ni siquiera reelegir como diputado. Anabel Fernández Sagasti cumple ahora ese rol.

Anabel Fernández Sagasti es la nueva presidente de la Comisión de Juicio Político de la Cámara de Diputados, que debe funcionar como cámara acusadora en el sistema de juicio político diseñado por la Constitución Nacional. Se la designó con un fin claro: iniciar el proceso de destitución del Ministro Carlos Fayt. Reemplazó a otra kirchnerista, Adela Segarra, sin motivo aparente, aunque hay quienes dicen que Segarra no quiso “ensuciarse las manos”.

En realidad el objetivo de Fernández Sagasti no es la destitución de Fayt sino someterlo al proceso que conlleva un desgaste difícil de sobrellevar para cualquiera, cuanto más con la avanzada edad del magistrado. Lo que se busca es mellar su salud y su resistencia para que se vaya. El juicio político no podría prosperar nunca, el kirchnerismo no tiene los dos tercios de diputados para acusar, mucho menos tiene los dos tercios del Senado para destituir a Fayt. De hecho no pudo hacer pasar el pliego de Roberto Carles para reemplazar a Eugenio Zaffaroni en el Alto Tribunal. Y no solo porque con el curriculum de Carles no hubiese conseguido trabajo ni de administrativo, sino porque carece los números para hacerlo.

Fernández Sagasti cumple el rol que oportunamente cumplió el diputado tucumano Ricardo Falú, que también encabezó la Comisión de Juicio Político de la misma Cámara y que funcionó como la espada de Néstor Kirchner para arremeter contra todos los miembros de la Corte designados por Carlos Menem. Integrante del por entonces prestigioso Grupo Talcahuano, junto por ejemplo a Sergio Acevedo, pinguino kirchnerista de pura cepa, electo gobernador de Santa Cruz, que dejó su cargo con rumbo al completo ostracismo, por negarse a los sobreprecios escandalosos de la obra pública que había impuesto el kirchnerato vigente en esa provincia.

Falú hizo un trabajo parecido al que se le encarga a Fernández Sagasti, pero con varios jueces, porque en realidad el kirchnerismo uso al tucumano para desgastar a los magistrados, pero en definitiva solo destituyó a uno de ellos: Eduardo Moliné O’Connor. Tanto a Julio Nazareno, como a Guillermo López, como a Adolfo Vázquez y Antonio Boggiano, se les permitió renunciar y mantener los privilegios de ministro de la Corte retirado, en una negociación bajo cuerda muy típica de los K. Moliné no aceptó los términos y fue el único destituído.

Tan comunes son los caminos de Ricardo y Anabel, que por entonces y aunque fue designado por Raúl Alfonsín y jamás votó con la llamada “mayoría automática menemista”, Falú también la emprendió contra Fayt iniciándole un proceso de juicio político. En realidad, el mandato que recibió Falú de Kirchner fue “despejar asientos en la Corte”, la retórica antimenemista fue para “la tribuna”. Fue el único fracaso de Falú, con Fayt no pudo. El Alto magistrado soportó el proceso y no pudieron enjuiciarlo. Es cierto, tenía 12 años menos y seguramente bastante mas energía, en eso Fernández Sagasti lleva ventaja.

Falú dijimos, fue maltratado y separado del kirchnerismo después de hacer el trabajo sucio. En declaraciones a La Gaceta de Tucumán, recluido en su casa, decía en junio de 2013 que: “Me apena hasta las lágrimas porque son una colección de falsarios. Quiénes conducen hoy el partido (justicialista) son indolentes y mala gente en su mayoría, la enorme mayoría. Son abyectos y mentirosos. Y quienes están hoy en el Gobierno le dieron a la gente un poco de la torta y el resto se la llevaron ellos. Porque jamás ningún Gobierno tuvo tanta plata como este”. Y agregó: “Cuando apareció Kirchner yo escuché su discurso el 25 de mayo de 2003 y me emocionó. Dije esto es lo mío. Pero un año después me di cuenta que era una puesta en escena”.  Bien podrían ser declaraciones de Fernández Sagasti dentro de 10 años.

Anabel y Ricardo, fusibles de los que se usa el kirchnerismo para sus fines siempre oscuros, y con un destino probablemente común.

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