ECHARRI, UN IZQUIERDISTA EN EL TATTERSALL

Con Nacy embarazada, pensando la revolución en Punta del Este
Con Nancy embarazada, pensando la revolución en Punta del Este

Por el resultado de las primarias porteñas y el fracaso de kirchnerismo en la Ciudad, la denominó “reducto del pensamiento conservador de derecha”. Notorio para alguien que hizo su fiesta de casamiento en Tattersall, paso la noche de bodas en Four Seasons, y la luna de miel en la Polinesia.

El actor de telenovelas Pablo Echarri, una de las piezas claves de la intelectualidad kircherista, mostró rechazó por los electores de la Ciudad de Buenos Aires, dado el resultado de las últimas elecciones primarias en las que el PRO acumuló cerca del 50% de los votos, y el Frente para la Victoria se juntó en pleno para festejar un meritorio 14%.

Echarri agregó además que “es muy difícil lograr hacer pie en el poder de la Ciudad con un pensamiento de izquierda o centro izquierda”. No hemos encontrado registros de que el galán apoyase a Myriam Bregman o a Luis Zamora, sino más bien a Mariano Recalde del oficialismo nacional, que logró que el sector de mayor crecimiento económico de los últimos 3 años fuesen los bancos. Particular izquierdismo el de este buen hombre.

Con 500 invitados
Con 500 invitados

Su propensión hacia el pensamiento de izquierda debe haberlo asaltado en estos últimos años. Allá por 2007 ya en pleno kirchnerismo, Echarri contrajo casamiento con la actriz Nancy Duplaá. La fiesta tuvo bastante poco que ver con una recreación del descenso de los revolucionarios de Sierra Maestra. En realidad de trató de una costosísima celebración en el Tattersall de Palermo para 500 personas, un absoluto dineral. GZT consultó a organizadores de eventos, que calcularon de acuerdo a la magnitud del evento, la calidad de las bebidas, etc, un valor de entre 80 y 100 mil dólares.

Noche de bodas
Noche de bodas

Considerando eso, resultan una bicoca los casi mil dólares que costó el hotel donde pasaron su soñada noche de bodas, el muy izquierdista Four Seasons Buenos Aires. La luna de mil no fue en un histórico hotel de La Havanna, sino en la Polinesia, donde dos personas una semanita pueden gastas alrededor de 20 mil dólares.

Tal vez sea un prejuicio, pero GZT cree que no más del 2% de los votantes del PRO en estas últimas elecciones han pasado una noche en Four Seasons, menos del 1% conoce la Polinesia, y alrededor del 0,2% realizó una fiesta de casamiento de 100 luquitas gringas. En realidad valoran tener hospitales públicos dignos, no como el Posadas que maneja el gobierno progresista que se tuvo que intervenir a sí mismo para tratar de exterminar a los roedores que corrían derby por los pasillos; o contar con vacantes para todos en las escuelas públicas con una computadora para cada niño; o tener el Metrobus y el Subte ya sin paros; o contar con la Policía Metropolitana cuando la Federal del gobierno nacional y popular había generado una zona liberada en toda la Ciudad hace ya tiempo, y muchísimos etcéteras.

Echarri tal vez no pueda observar todo eso, porque permanece encerrado pensando la revolución de izquierda que llevará adelante con el peronismo kirchnerista, de clara tendencia fascista, dentro de su lujosa residencia, al tiempo que planea sus próximas vacaciones en el extranjero. Pero los porteños de trabajo necesitan todos los servicios que el gobierno del PRO ha demostrado que puede prestarle durante los últimos ocho años, y simplemente por eso lo vota. Carece de tiempo para pensar en derechas e izquierdas, porque debe trabajar muchas horas todos los días.

En enero último, Echarri y su mujer recibieron una silbatina de todo el pasaje en un avión de Aerolíneas Argentinas que los trasladaba a Miami. Pocos lugares más simbólicos de la lujuria capitalista que el galán de novelas desprecia, que su destino vacacional del corriente año. Bien pudo ir a repartir frazadas a Bolivia, o a visitar el Ministerio de la Felicidad en Caracas, pero Echarri prefirió dirigirse al epicentro del capitalismo mundial, tal vez para iniciar la revolución en el corazón mismo del liberalismo. Seguramente haya pensado como encender la chispa revolucionaria mientras esperaba sentado al lado de una palmera del shopping de Bal Harbor, que su esposa terminase de pagar el reloj Cartier que estaba adquiriendo.

Anda a laburar Pablito.

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