MACRI-LARRETA ATEMORIZAN A LA VIEJA CLASE POLÍTICA

Macri y Larreta, frente a la madre de todas las batallas
Macri y Larreta, frente a la madre de todas las batallas

Ayer mientras acompañaba a su candidato Horacio Rodríguez Larreta, el líder del PRO, Mauricio Macri, nacionalizó el ballotage porteño, resaltando que enfrenta en él, a todos los demás precandidatos. La gran coalición de la clase política que resiste el cambio.

*Por Horacio Minotti. Director periodístico
*Por Horacio Minotti. Director periodístico

El candidato a jefe de gobierno porteño Horacio Rodríguez Larreta visitó ayer un Centro de Primera Infancia de los 59 que el gobierno local ha abierto en toda la Ciudad, y se comprometió a llevarlos a 100 durante su gestión. Lo hizo acompañado de Mauricio Macri y Gabriela Michetti. Y fue, inesperadamente un espacio de definiciones políticas importantísimas por parte del candidato presidencial del PRO, que aseguró que “si ganamos, le ganamos a todos los presidenciables, si están todos jugando contra mí”, aseguró.

No hay posibilidad de refutar los dichos de Macri. Ya se pronunciaron a favor del rival de Larreta, Martín Lousteau, tanto Daniel Scioli, como Sergio Massa, José Manuel De la Sota, Margarita Stolbizer, e incluso los otros precandidatos del Frente Cambiemos que encabeza el propio Macri: Ernesto Sanz y Elisa Carrio. Macri enfrenta en este ballotage, a propios y extraños, en una confluencia electoral inédita en la historia de la Ciudad, y aún así, no hay encuesta que no lo de ganador a Larreta por una diferencia de, al menos, el 10% de las voluntades.

La lectura que hace el líder del espacio es absolutamente correcta, y responde a una tradición de los últimos años de la política argentina: los diversos sectores confrontan, discuten, se operan por los medios, luego se acercan y se distancian nuevamente; pero cuando se sienten amenazados por un proceso de cambio real, que pregona el mortal pecado de abrir las puertas del submundo político al ciudadano, en ese momento todos se alían para intentar impedirlo.

En definitiva, Scioli es, con un discurso zen, producto del menemismo-duhaldismo-kirchnerismo, ha estado cerca y lejos, de acuerdo a su conveniencia. Tanto de De la Sota como de Massa, que han recorrido idéntico camino. Representan lo mismo, la conservación de los privilegios de la clase política y la muralla de contención que la misma ha construído para mantener alejado de la misma al ciudadano. Basta ver a quienes fue a buscar el ex intendente de Tigre cuando la conveniencia coyuntural lo hizo alejarse del actual oficialismo nacional: lo más rancio del viejo peronismo afincado en diversos espacios de poder que mantiene hace décadas.

La situación de Stolbizer no es tan distinta. Si bien hace unos años tomó distancia, nació, se nutrió y aprendió política en el viejo radicalismo de la Provincia de Buenos Aires, cerca de Leopoldo Moreau, que desde el fin del gobierno de Raúl Alfonsín en 1989, no hizo más que ir pactando con los diversos peronismos que monopolizaron el poder en el distrito bonaerense. Esa es la política que conoce Stolbizer, y la que aspira a mantener porque le otorga privilegios que no tendría de otro modo: dos concejales acá, un par de diputados provinciales allá, e incluso algunos diputados nacionales, que le permiten sustentar una estructura política casi sin votos y su pertenencia al mundillo. No puede olvidarse, Margarita saltó al conocimiento del ciudadano, cuando hizo una inesperada elección de casi 9 puntos en la Provincia, como candidata a gobernadora por la UCR, en la misma boleta del candidato presidencial del espacio, justamente Moreau, que a nivel nacional cosechó un triste 2,3%.

Respecto a la interna de CAMBIEMOS, más allá del cambio de perfil que ha exhibido la conducción nacional de la UCR en los últimos tiempos, mas abierta y participativa, el radicalismo de la capital siempre ha sido una isla, un mundo aparte, regido por una oligarquía política que controla el destino del partido local desde los 80. A nivel nacional, tanto Sanz, como Gerardo Morales y otros dirigentes de peso, han surgido a la política de la mano de la oposición al menemismo y han sido conocidos por el ciudadano-elector intentando limitar el avance kirchnerista contra la república. Pero la dirigencia radical de la Capital es previa a eso, quienes controlan un partido sin internas, los que se aseguran en cada elección de autoridades de que haya lista única, los que prorrogan años los mandatos vencidos de autoridades en el Comité Capital, son dirigentes ochentosos, sin peso electoral ante el ciudadano, pero con total control político del partido a nivel distrital.

Por eso Macri-Larreta, no enfrentan el domingo próximo solamente a todos los presidenciables juntos, enfrentan también un modo de hacer política, una manera de entender el poder, que claramente ya ha saturado al ciudadano que quiere participar, pero que cada vez que la sociedad realiza movimientos o se encolumna detrás de dirigentes que buscan cambiar esa lógica que les tan rentable, se coaligan para resistir. La unanimidad de la Asamblea Legislativa en 2002 para sostener el gobierno de Eduardo Duhalde tras el “que se vayan todos”, es la prueba más fehaciente.

Hoy no existe ese grado de combatividad en las calles, por fortuna, pero Macri y en la Ciudad su delfín Larreta, representan la vía pacífica y ordenada por donde canalizar la necesidad de cambio, y por lógica, resultan una amenaza al establishment controlante de la clase política, que se niega a que el ciudadano pueda hacer otra cosa, que no sea votar cada dos años, a los candidatos que ese establishment le ofrece.

Lousteau, su ira, su desesperación, su agresividad, son mucho más que este economista ególatra y con actitudes de “nene caprichoso”, es la representación de la resistencia de la política tradicional a ceder sus privilegios y a abrir las puertas a la gente, con un agente encubierto, camuflado como “joven prometedor”, tratando de confundir al elector y en muchos casos lográndolo, porque si en ese lugar estuviesen alguna de las figuras tradicionales del PJ o la UCR porteños, sería lo mismo en términos políticos, pero con muchos menos votos.

Eso enfrentan Macri-Larreta en la Ciudad, algo con lo que el PRO no había tenido que lidiar hasta ahora, que representa una amenaza real a nivel nacional, a la política tradicional. En 2007 y 2011 Macri enfrentó en segunda vuelta a Daniel Filmus, un exponente claro del kirchnerismo. No había camuflages ni dudas y el radicalismo porteño iba por su lado, aliado con Jorge Telerman en 2007, con Carrio en 2009,o solo en 2011 sacando el 2% de los votos. Pero por entonces el PRO no competía a nivel nacional, su impronta de cambio real no era una amenaza en los centros de poder nacionales. No requería la unión completa de la oligarquía política para detenerlo, ni un candidato híbrido y confuso para captar votos en su contra.

Por eso, más allá que no hay encuesta que no lo de ganador a Larreta y por márgenes superiores a los 10 puntos porcentuales, ganar esta pelea por un solo voto es un victoria extraordinaria, que catapulta a Macri a nivel nacional. La Ciudad ha mostrado un cambio evidente en los términos señalados en los párrafos anteriores, que el líder del PRO pretende llevar a la Nación. Y si consigue retener su bastión porteño el domingo contra todos, se habrá impuesto en una batalla decisiva para que el ciudadano recobre el protagonismo político que el sistema democrático debería asegurarle.

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