LA SUAVE FRAGANCIA DEL ’83

Macri, Larreta, Vidal, Santilli, entre la gente
Macri, Larreta, Vidal, Santilli, entre la gente

El domingo en el bunker del PRO se respiraba algo distinto, que me costó identificar porque hace más de 30 años que no percibía un perfume similar. Al margen del contenido de los discursos, del triunfo ajustado y del cambio de época y estilo, comienza a dibujarse una mística.

*Por Horacio Minotti. Director periodístico
*Por Horacio Minotti. Director periodístico

Es complejo definir que es la mística en política, y posiblemente implique cosas diferentes para cada uno. Es a veces, una simple cuestión de percepciones. El domingo, cuando Horacio Rodríguez Larreta terminó de consolidar su trabajoso triunfo porteño, Mauricio Macri cerró el encuentro con un discurso de alto contenido político, plagado de definiciones, y soltó frases como “los argentinos nos merecemos más que esto”. Macri mismo, deja la sensación de que está para más. A diferencia de hace unos años, exuda política, transmite sensaciones al dirigirse a la gente. María Eugenia Vidal también, se comunica con fluidez con el numeroso grupo que la escucha.

En aquel ’83, el que escribe estuvo en la Federación de Box en el lanzamiento de la campaña de Raúl Alfonsín para la presidencia. También en el “Alfonsinazo” en Ferro, y en el Obelisco para el cierre de campaña. Y ya ni recuerdo en cuantos actos más. El padre de la democracia tenía una oratoria inigualada que levantaba a los muertos y el clima de salida de la dictadura, la esperanza de abandonar los años de plomo, agregaban un estado de conmoción diferente a todo. En lo personal, debe sumársele la edad: a los 14 años las emociones explotan casi solas. Era todo mística.

Muchas cosas hacen incomparable aquel momento con este. Y los protagonistas son eminentemente distintos. Macri no tiene la verba pulida de Alfonsín, el manejo de los tiempos y tonos discursivos de aquel extraordinario estadista. Pero este Macri, transmite sensaciones cuando se dirige a la gente.

El público-ciudadano-militante no es el mismo, no tiene la misma esencia, no se forjó en las mismas dificultades, sino en otras, tal vez menos graves. Tiene otras necesidades y otros objetivos. Pero recibe la sensaciones que el líder del PRO hace bajar desde el escenario. Se lo ve en los ojos de los mas pibes. Mire a varios a la cara el domingo mientras hablaba Macri, incluso a mi hijo, y vi caras jóvenes conmovidas. “Tan Biónica” no tiene las letras de Piero, ni las de “Pedro y Pablo” que se cantaban en aquellos ochenta y que llamaban a despertar de la letanía en que nos había sumido la opresión. Pero acompaña bien el espíritu de los tiempos que corren y hace explotar al líder del PRO y sus seguidores cuando concluye sus discursos.

Debo confesar que al principio me vi confundido, no terminaba de identificar las percepciones que emanaban de ese escenario y transmitían buena parte los asistentes. Se hace más difícil, porque claro, en aquellos tiempos no había selfies, ni celulares que sacasen fotos, ni celulares. En realidad uno encontraba un teléfono público naranja que funcionase cada 10 o 20 cuadras.

Me llevó hasta hoy darme cuenta de que era, lo que la combinación de Macri, Vidal, Larreta, Santilli mas los varios miles que estaban en Costa Salguero, estaban transmitiendo en sintonía: era ese perfume a que algo diferente era posible y crecía con paso firme y decidido, con acción política y también con mística (esta, la de estos tiempos, no la de aquellos, pero mística al fin); era la encantadora fragancia del cambio, que en aquellos tiempos fue, tal vez penetrante e invasiva, y hoy, siguiendo el espíritu de la época, es más parecida a un suave perfume frutal de los que se usan cuando las temperaturas son más altas.

Me alegré por esos pibes y sus sensaciones, tal vez incluso, los envidié un poco, la edad lo pone a uno en un carácter de observador menos pasional que inhibe un poco emociones, pero me conformé con poder reconocer el aroma después de tantos años, cuando ya no parecía posible,

Aquel ’83 tenía también algunas similitudes contextuales con este tiempo. Más allá de la lógica (así lo veo ahora, por entonces, yo la entendía ridícula) preocupación de mi madre porque “estaba en política” a los 14 años y cuando una banda de forajidos acaba de “desaparecer” a 30 mil personas; siempre recuerdo una frase mi abuelo, un trabajador de la fábrica de jabón Federal de fuerte pertenencia justicialista, que me decía “nene no seas pavo, nunca perdió el peronismo”. Sabía mucho de la vida mi abuelo, pero esa vez se equivocó.

Hoy todos buscan llevarnos a pensar que “el peronismo ya ganó”, y tal vez, como en aquel entonces, esa aseveración tajante, colabora al nacimiento de la mística, el desafío de hacer posible lo que reputan imposible. Muchos de los dirigentes sobre el escenario de este domingo, y decenas de las caras jóvenes que vibraron el ritmo del discurso de Macri, indican que hay un nuevo camino abierto, que la sociedad podrá elegir recorrer o no, depende de si está en condiciones de reconocer la esperanza. Pero es reconfortante comprender que era posible, que el camino de salida de la resignación vuelva a abrirse.

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