EL DÍA QUE SCIOLI FUE DUHALDE

Duhalde aconseja, Scioli escucha
Duhalde aconseja, Scioli escucha

El candidato presidencial del kirchnerismo, obtuvo porcentajes muy similares al de su amigo Eduardo Duhalde en 1999. Como él, viene de un distrito que no supo gobernar, y padece el desgaste de mas de un decenio peronista.

*Por Horacio Minotti. Director periodístico
*Por Horacio Minotti. Director periodístico

Comparar fenómenos políticos y distintas épocas suele conducir a conclusiones erróneas, pero a veces vale la pena, porque las circunstancias son tan similares, los contextos tan calcados, que podrían permitir visualizar el futuro, si se toman los recaudos del caso.

Daniel Scioli es un gran amigo de Eduardo Duhalde, solían compartir largas partidas de ajedrez en la quinta de San Vicente. Durante la presidencia provisional del segundo el ex motonauta fue Secretario de Deportes de la Nación y preparó el terreno para lo que el destino luego le negó: ser jefe de gobierno porteño. A cambio, Duhalde lo colocó como vice de Néstor Kirchner, para darle su impronta al santacruceño, casi como Cristina ahora le puso al propio Scioli, a Carlos Zannini como compañero.

En el día de ayer, Scioli obtuvo el 38,41% de los votos, mientras que en aquel octubre de 1999, Duhalde había conseguido el 38,27% de los sufragios. Idéntico. Ambos pretendieron arribar a la Casa Rosada desde situaciones muy similares: gobernaron previamente 8 años la Provincia de Buenos Aires, tuvieron crisis brutales de seguridad, de paros docentes, de inundaciones, fueron incapaces de cambiar la historia, de la “Provincia inviable”.

Y también ambos pretendieron suceder a larguísimos períodos peronistas, de esos de los que la sociedad busca desembarazarse cada tantos años, que concluyen mal por diversos motivos: Duhalde sucedió a Carlos Menem que llevaba dos años de recesión al terminar su mandato y estaba envuelto en una maraña de denuncias de corrupción. Scioli pretende suceder a Cristina, con una economía complicada pero no tan brutalmente recesiva (ventaja), pero con denuncias de corruptelas aún mayores. Pequeña diferencia a favor de Duhalde: el riojano gobernó 10 años y medio, el kirchnerismo 12 y medio, hay 2 más de hartazgo.

El problema de ambos es común, obtienen los votos de lo que podría llamarse el piso peronista, esa cantidad de votos con que cuentan, combinando la fidelidad política, con el asistencialismo demagógico en el interior de casi todas las provincias, especialmente Buenos Aires, y la presión de los punteros sobre los ciudadanos marginados del sistema adrede por el propio peronismo, que viven de la “colaboración” estatal, además de la maquinaria de minifraude que ponen en funcionamiento en cada elección. Esa suma de fenómenos generados por el partido de gobierno actual, evidentemente da entre el 38% y el 39% de los votos en forma matemática.

El problema en períodos como este, es que los aspirantes peronistas no pueden romper ese piso, porque también es techo, o al menos, esta muy cerca de él. Es como si viviesen en uno de esos altillos en los que hay que andar agachado porque uno no puede desplazarse erguido. Si enfrente no existen rivales políticos de fuste, tal vez consigan el milagro de imponerse de todas formas, pero si lo hay, les resulta imposible hallar los mecanismos que les permitan cooptar, esos 6 o 7 puntos de voto independiente que son los que les permiten alcanzar el gobierno cuando las circunstancias son otras.

Otro detalle: en 1983, después de los gobiernos del General Perón e Isabel, con la dictadura de por medio, el peronismo obtuvo el 40,15% de los votos. Hay quienes pretenden inducir al error de que por los ocho años previos de gobierno militar, el peronismo no contaba con “aparato” en esa elección. Eso es falso. Lo tenía indemne, manejado por Herminio Iglesias en la Provincia, fruto del acuerdo con los militares basado en que el justicialismo anunciaba que avalaría la llamada ley de autoamnistía que había dictado Reynaldo Bignone, y los mecanismos de fraude funcionaron igual, simplemente fueron insuficientes, porque en etapas como aquella y como esta, ese fraude alcanza para llegar al 40%, no más.

Scioli sabe que está mucho más lejos de ser presidente de lo que los números indican. Las encuestas, que esta vez sí acertaron los resultados, muestran claramente que el gobernador bonaerense alcanzó su techo en las PASO, que puede crecer en el mejor de los casos 1 o 2 puntos de cara a la general y tal vez otros 2 más entre la primera y la segunda vuelta.

Otra pequeña similitud: en aquel 1999, la tercera fuerza encabezada por Domingo Cavallo, alcanzó el 10,22% de los votos, apenas tres menos que los 13 puntos que tuvo Sergio Massa hace dos días, diferencia que seguramente radique, en el anclaje bonaerense del de Tigre. Es cierto, su alianza UNA, mordió el 20% pero lo hizo con el aporte de José Manuel De la Sota que ya no estará en octubre y que posee un caudal de votos enorme en una provincia de gran peso electoral como Córdoba. Pero Cavallo y Massa, también tienen enormes similitudes.

Los fenómenos políticos son extraños y muchas veces imprevisibles en la Argentina, pero de no suceder nada determinante en los dos meses que quedan para la elección general, Scioli mantendrá su piso y su techo casi indemnes, y la Casa Rosada le quedará muy pero muy lejos.

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Un pensamiento en “EL DÍA QUE SCIOLI FUE DUHALDE”

  1. Excelente columna para recodar realidades pasadas y tenerlas presentes. Casualidades o causalidades? ¿Los cotos de Una – Massa/De La Sota – irán todos a Scioli por el simple hecho de que Schiaretti le agradeció los saludos? Comparto la visión de la nota.

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