TUCUMÁN, LA EXPO DE LOS VICIOS ELECTORALES

Urnas quemadas
Urnas quemadas

*Por Jorge Enriquez. A fines del siglo XIX la Unión Cívica nació para luchar, como una de sus banderas principales, por la “pureza del sufragio”.

*Por Jorge Enriquez. Columnista invitado
*Por Jorge Enriquez. Columnista invitado

La meta pareció lograrse cuando en 1912 se sancionó la ley 8871, conocida como ley Sáenz Peña, por el presidente que la impulsó, que  fue acordada entre él e Hipólito Yrigoyen. Pero con el golpe de 1930 llegaron las proscripciones y el “fraude patriótico”. Posteriores quiebres constitucionales hicieron que la pureza del sufragio fuera una quimera, porque por mucho tiempo ni siquiera había sufragio.

Desde la recuperación de la democracia, el 10 de diciembre de 1983, creíamos que ese problema se había solucionado. Las dificultades económicas y de todo tipo serían un duro desafío, pero el sagrado principio de la legitimidad democrática de los gobernantes no sería puesto en duda.

Pero en los últimos años esa creencia se ha visto lamentablemente puesta a prueba. Las sospechas de maniobras fraudulentas son múltiples. El espectáculo de la provincia de Tucumán termina de confirmarlas.

Clientelismo explícito; leyes y prácticas electorales destinadas a confundir al ciudadano y a facilitar el desvío de la voluntad popular; compras de votos; quemas de urnas; alteración de las actas y telegramas; en fin, Tucumán podría haber montado una “expo” de los peores vicios en materia de elecciones.

Frente a estos atropellos, el gobierno nacional y su (no querido) candidato presidencial relativizan las cosas o directamente atribuyen la responsabilidad a los opositores.

Los tucumanos, indignados, realizaron una protesta pacífica en la plaza principal de San Miguel de Tucumán y fueron duramente reprimidos por el gobierno que se jacta de poco menos que de haber inventado los derechos humanos. Pero no se amedrentaron y continuaron reuniéndose las noches siguiente, en una demostración cívica ejemplar.

La presidenta de la Nación fue fiel a sí misma y no buscó la unión, sino solo atizar las hostilidades. Dijo que la oposición debe aceptar el resultado. No comprende que no se trata de un resultado, sino de la transparencia del procedimiento. No podemos saber si la victoria de Manzur es el resultado de la voluntad popular o de las maniobras del Frente para la Victoria.

El Director Nacional Electoral, Alejandro Tullio, no estuvo más feliz. Se embarcó en una serie de argumentaciones para concluir que la quema de urnas no es técnicamente fraude, sino otro delito. Poco importa la tipificación penal de esa conducta. Lo que es horroroso en una democracia madura es que se quemen urnas.

¿Seguiremos, ante esta  fenomenal degradación de las instituciones, diferenciándonos por cuestiones menores o por egoístas personalismos todos aquellos que queremos vivir en un Estado de Derecho?.

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