EL VOTO EN BLANCO, NO SE CUENTA

Surge de la Constitución Nacional
Surge de la Constitución Nacional

No podemos buscar recuperar las instituciones, reinterpretando la Constitución Nacional. El próximo gobierno debe ser la antítesis de este, no una copia. Los votos en blanco NO SE CUENTAN a efectos de conformar los porcentajes que definen si hay o no segunda vuelta.

*Por Horacio Minotti. Director periodístico
*Por Horacio Minotti. Director periodístico

No es posible reconstruir la república violando la Constitución Nacional, porque seremos iguales a los que se van, y nada bueno viene de vulnerar la ley fundamental o las normas emanadas del Congreso. Me refiero más precisamente a las noticias periodísticas que informan que hay quienes han hecho presentaciones judiciales, intentado que se compute el voto en blanco a efecto de conformar los porcentajes de cada candidato que definirán si hay o no hay, segunda vuelta electoral.

La Constitución en sus artículos 97 y 98, cuando diseña el modo en que se resolverá la primera vuelta, explica que para que un candidato se imponga sin necesidad de la segunda, debe alcanzar el 45% de los votos, o el 40% más 10% de diferencia sobre el segundo, “de los votos afirmativos válidamente emitidos”. Por su parte el Código Nacional Electoral, en su artículo 101, establece lo que parecen ser 5 tipos distintos de votos: voto válido, voto nulo, el voto blanco, el voto impugnado y el voto recurrido.

Pero tal clasificación, es en realidad un error de técnica legislativa. Los votos ab initio,, son ´validos o inválidos, como ha dicho reiteradamente la Cámara Nacional Electoral, antes y después de la reforma constitucional de 1994, “son o no son”. La clasificación mas exacta sería en “voto válido” y “voto inválido”, formando parte del primero: el voto válido liso y llano, el voto en blanco y el voto recurrido, cuando este, analizado por la autoridad electoral en el recuento definitivo, decida dárselo por válido. Por otro lado, será inválido el voto nulo, el voto impugnado y el recurrido al que la autoridad electoral decrete inválido en el recuento definitivo.

Así las cosas, el voto blanco es un voto válido, o “válidamente emitido” como establece la Constitución. De ese modo lo ha reconocido la Cámara citada en un fallo emitido el 23 de junio de 1987 en la causa “Jorge Mera Apoderado General lista “Causa Radical” – Unión Cívica Radical- Capital Federal s/queja” (Expte. Nº 1181 C.N.E.).

Allí los magistrados explican que: “Un examen más detenido de la cuestión permite, sin embargo, advertir que ello no es exacto desde un punto de vista sustancial. En efecto, la que -como resultado de una aparente deficiencia de técnica legislativa- aparece como una tercera categoría independiente y distinta de las otras dos -la de los votos válidos y la de los votos nulos- en rigor no es tal, en razón de que los valores absolutos y excluyentes que encierran los términos “nulo” y “válido” no dejan margen ninguno para que puedan existir otros votos que, en definitiva, no deban necesariamente quedar encuadrados en alguna de las dos primeras categorías. Pues, para decirlo de otro modo, los votos valen o no valen, son o no son. Es decir entonces que los votos en blanco no pueden constituir otra cosa que una sub-categoría de alguna de aquellas”.

Prosigue diciendo que “en definitiva, y si bien la ley no los denomina de ese modo, lo cierto es que el art. 101 consagra en los hechos, por un lado, los votos nulos y, por el otro, dos sub-categorías de votos válidos: “los votos válidos positivos” -expresamente admitidos con esa denominación en la ley 19.862 que, aunque sin vigencia actualmente, tiene valor de antecedente en tanto distinguía entre “votos válidos positivos” y “votos válidos emitidos”-, que son la expresión de una voluntad del elector dirigida positivamente en favor de uno o más candidatos y que se manifiesta mediante la boleta oficializada (art. 101 ap. I), y los votos en blanco, que si bien no traducen una voluntad positiva del sufragante en beneficio de ningún candidato constituyen ciertamente una expresión de voluntad política legítima, admitida expresamente por la ley como manifestación de “un poder autónomo de la libertad para el hombre y del poder político del Pueblo, que se organiza con todos los ciudadanos inscriptos en el Registro Cívico y no solamente con aquellos que lo hacen con mayor positividad representativa” (conf. Fallo nº 124/63), ya sea que importen legítimo disenso respecto a la totalidad de los candidatos en pugna, traduzcan la indecisión del sufragante, o tengan cualquier otro significado que el ciudadano y elector haya podido atribuirle como manifestación de su voluntad política”.

Y resume: “no puede negarse que el voto en blanco ha sido emitido y constituye la expresión de una voluntad de naturaleza política,  aún cuando no se manifieste de forma positiva”. Este último párrafo resulta contundente, porque siendo un fallo previo incluso a la reforma constitucional de 1994, confirma que es el voto blanco es un voto válido, o “válidamente emitido” porque tiene una significación política, conlleva un mensaje del ciudadano; pero no es un voto “positivo” o “afirmativo” como lo llamó el constituyente, y este es el motivo por el cual no deben contabilizarse los votos blancos a efectos de construir los porcentajes que definen o no, la realización de una segunda vuelta electoral.

Lo expresa también la Cámara Nacional Electoral, con meridiana claridad en el fallo “Malamud”, al decir: “Puede desprenderse entonces de nuestro régimen legal que los votos válidos pueden ser positivos -afirmativos en la terminología del artículo 98 de la Constitución Nacional- o negativos, como es el caso del voto en blanco; de manera que si se conciben los sistemas electorales como mecanismos para imputar voluntades colectivas a la representación, son los votos válidos afirmativos los que cumplen tal finalidad al haber existido una intención clara por parte del elector de atribuir los cargos en disputa a los representantes”.

De tal modo, computar los votos en blanco al calcular los porcentajes que determinan si un candidato alcanzo el 40% o el 45% a los efectos de proceder o no a una segunda vuelta electoral, es inconstitucional. Quien pretende lo contrario, aspira a que se viole el texto constitucional.

Y no podemos construir una nueva Argentina desde la violación de la ley, aún cuando nos sintamos perjudicados por esta, o cuando pretendamos alegar que lo preceptuado por la Carta Magna nos resulta discriminatorio. Ganemos una elección, de modo suficiente como para que nuestros legisladores declaren la necesidad de la reforma constitucional y modifiquémosla en una Asamblea Constituyente. No vamos a generar el cambio que la sociedad demanda, comenzando por exigir la violación de la ley de leyes, Sergio Massa, el massismo y su candidato Jorge Vanossi, lo saben perfectamente.

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