LOS CORRUPTOS, LOS PELAFUSTANES Y EL MARMOLADO

Los argentinos hemos variado nuestras elecciones, en los últimos 26 años, entre corruptos y pelafustanes; y contribuído con ello al proceso de degradación institucional que nos depositó en el actual estado de cosas. Hoy enfrentamos la posibilidad de continuar acompañando a un “marmolado”, o cambiar de estilo y apostar por el futuro.

*Por Horacio Minotti. Director periodístico
*Por Horacio Minotti. Director periodístico

Un budín “marmolado” es de esos que tienen dos colores pero sabor indefinidio. uno no sabe bien si es chocolate, vainilla, las dos cosas o ninguna de ambas. En la oferta electoral de hoy el oficialismo nos presenta un “marmolado”. El desarrollo histórico de su patrominio, la fuga a Cerdeña en medio de las catatróficas inundaciones, la forma en que la Justicia con trámite express cerró su causa por enriquecimiento ilícito, y el modo en que obtuvo hace días su título profesional, pinta de cuerpo entero al candidato “marmolado”. Tal vez sea la mixtura más perfecta (o imperfecta, según como se lo mire), entre corruptela y papanatería que hayamos podido conseguir.

Somos parte importante, nosotros los ciudadanos, de todo lo que nos ha pasado. Y si bien podemos alegar con algún grado de razón, que la oferta electoral ha solido ser escasa y resumida a ejemplares de este cariz, también es cierto que no nos hemos animado a participar lo suficiente, como para crear una oferta diferente. Votamos, tal vez sudicidos y engañados, a corruptos de toda laya. Pero reincidimos luego, y a sabiendas de sus calidades, los reelegimos, en algún caso, dos veces. En medio, como un breve descanso de tanto afano, le dimos el comando a un pelafustán.

Insisto, nuestra sanción debe moderarse en razón de la falta de opciones. Pero eso es hasta hoy. Porque hoy si la hay, ya no es necesario insistir con el “marmolado” ni tampoco con el mitómano serial. Ahora hay otra opción y se terminaron las disculpas. No hay margen para el pedido de reducción de pena, porque la chance se abre, enorme frente a nosotros, la de retomar el camino que empezamos en el ’83 y perdimos en el ’89.

Un camino que dé garantías, donde tengas claro que va a pasar ante cada una de tus acciones, en el que tengas normas que podes seguir y eso te de seguridades sobre las consecuencias; un camino donde se te respete. En esta elección si tenés opción, la oferta contempla la posibilidad de un cambio, el soberano pueblo tiene la enorme chance de recuperar su trono, simplemente debe desearlo y actuar en consecuencia.

Por eso nos definimos a nosotros mismos también hoy, como un cuerpo social consciente de sus deberes y derechos, autónomo, maduro; o como un simple rebaño encabezado por un pastor que se debate entre robarse unas cuantas ovejas o tropezarse con ellas, y que seguramente, haga ambas cosas.

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