MACRI, LA REVOLUCIÓN EN PAZ

Agradecer, una de las costumbres que se había perdido
Agradecer, una de las costumbres que se había perdido

Con altísimas chances de ser electo presidente en segunda vuelta, el líder de CAMBIEMOS inició un proceso único en la historia argentina que modifica de raíz los parámetros de los partidos tradicionales y la forma de hacer y ver la política. La manera de conducirse de Macri, parece cambiar la relación entre los dirigentes y la sociedad.

*Horacio Minotti. Director periodístico
*Horacio Minotti. Director periodístico

Hace años que la Argentina necesitaba un proceso revolucionario. No uno violento, ni siquiera agresivo, lo que los argentinos deseabamos fervientemente era un poco de paz, ser oídos y formar parte. Fórmula sencilla si las hay, en un contexto normal, pero contraria a como se vino desarrollando el país en los últimos 25 años.

Macri logró superar la distancia entre los dirigentes y la gente, sus forma de conducirse y de hacer campaña, disuelven el muro artificioso que la sociedad política había construído para mantener alejada a la sociedad civil. El desarrollo de la propia campaña electoral advierte el cambio de perfil. Mientras Daniel Scioli viajaba de un acto a otro con militancia armada y paga, en un helicóptero, y Aníbal Fernández no salía de la Rosada; Macri y María Eugenia Vidal no hacían actos, tocaban timbres, hablaban con la gente, recorrían, preguntaban necesidades y problemas a resolver.

El peronismo se alejó de la gente, rompió su esencia, adquirió conductas casi monárquicas, típicas de la repúblicas de partido único que teminan siendo una autocracia encubierta. Y CAMBIEMOS tomó el camino contrario, le devolvió a la sociedad el contacto con el dirigente, el ciudadano supo que había quien se interesaba por ellos, esa fue la clave de la elección del domingo.

El propio lunes, después del triunfo electoral, cuando muchos ciudadanos salieron por la redes sociales a agredir al periodista ultraK Diego Brancatelli, fue el mismo Macri quien pidió que se lo dejase en paz, que los años de confrontación y odio terminaron, y que cada uno tiene derecho a pensar como quiera sin ser un enemigo por eso. La paz social es revolucionaria en la Argentina. Ocurrió algo similar cuando después de publicados los resultados oficiales, ya terminado el domingo 25 y empenzando el lunes, Vidal salió al escenario en el bunker de CAMBIEMOS  y parte de la militancia entonó “para fulano que lo mira por TV”. La gobernadora electa les pidió por favor que no lo hicieran, que ese no el era el camino de la Argentina próxima, que se festejase sin hacer referencia a quienes habían perdido. Desde la campaña y el discurso de asunción del presidente Raúl Alfonsín, no había un llamado a la unidad y la paz social como el que enrbola CAMBIEMOS.

Paz y vínculos es la fórmula de Macri y Vidal. Recuperar la convivincia para rearmar los vínculos entre los miembros de una sociedad enfrentada entre sí y alejada de sus dirigentes, y la clara comprensión de que estos dirigentes son circunstanciales, que no tiene un cheque en blanco, ni han sido electos monarcas. Que mañana pueden ser otros ciudadanos los que reciban el mandato, y que esos giros son absolutamente lógicos.

Todo indica que se viene otra Argentina, y los ciudadanos podemos sentir, orgullos, que “lo hicimos”, que le dejamos a nuestros hijos un país distinto, en el que dependerán de su trabajo y su persistencia para salir adelante, y no de un puntero para sobrevivir. Era hora.

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