32 AÑOS DE LUCHA

954No empezó ese día, pero si hay que poner una fecha desde la cual los argentinos luchamos para recuperar las instituciones de la República, esa es el 30 de octubre de 1983, cuando el presidente Alfonsín derrotó a la violencia, la impunidad, el dolor, la tortura y la mafia.

*Horacio Minotti. Director periodístico
*Horacio Minotti. Director periodístico

Treinta y dos años es mucho tiempo, una vida. Para los que estamos por cumplir 47 es mas del doble de aquellos 15 primeros años en los que el tiempo biológico no nos permitía luchar. Los argentinos, algunos con mas y otros con menos intensidad, pero todos de algún modo, hace 32 largos años que luchamos por recuperar las instituciones de la patria.

Aquel 30 de octubre del ’83 fue una patriada, un acto sublime de soberanía popular y de comprensión del contexto por parte del soberano pueblo, sobre que era lo que estaba pasando y que hacía falta. Y así, después de tanto imperio del hecho sobre el derecho, de la violencia sobre el diálogo y la paz, de la tiranía sobre la democracia, el período del presidente que resultó electo ese día, fue el más institucionalista desde la recuperación democrática, y tal vez de la historia.

Gobernó sin intervenir provincias, sin decretos de necesidad y urgencia, con absoluta independencia del Poder Judicial, con total libertad de prensa y expresión, con absoluto respeto por la oposición y las instituciones, sean públicas o privadas, sometió a los genocidas a la justicia ordinaria como cualquier hijo de vecino, y a los terroristas también, respetó sus promesas de campaña aunque le costase la presión de sectores muy poderosos como la Iglesia Católica que rechazaba la ley de divorcio y la patria potestad compartida, y muchos etcéteras, que hicieron surgir la ilusión de que esta podía ser mucho más que una republiqueta bananera del décimo mundo.

El fracaso económico conspiró contra la consolidación de ese gobierno y nos nubló el camino. Desde entonces entramos en un errático cono de sombras, donde creímos necesario aceptar que la mafia es más eficiente gobernando que la gente buena, que es válido el “roban pero hacen”, y que gobiernos como el de Insfrán en Formosa no son una dictadura, porque simulan una votación. Hay que aceptarlo, la desesperación por no llegar a fin de mes confunde, uno no puede ver con nitidez y cuando esto ocurre, siempre la embarra más.

Entonces caímos en la manipulación feudal, en la proscripción de periodistas, en el cercenamiento de libertades individuales, en la corrupción generalizada, en el delito impune, el de los funcionarios y el cotidiano, en las facilidades que encuentra el narcotráfico. Desde 1989 hasta hoy, posiblemente hayamos controlado por períodos la inflación, aunque no estuvimos excentos de recesión y desempleo, pero a cambio, adquirimos tantos males que da miedo.

Fuimos incluso, sometidos a un cambio cultural, a un viraje gradual pero consistente hacia la dictadura del dinero a cualquier costo, que en los diversos gobiernos que sucedieron al de Alfonsín fue cambiando de rostro y modalidad, pero manteniendo el concepto: “vales más si hacés guita, no importa como”. De la mano de ese concepto se destruyó la educación, fomentando así mayores facilidades para controlar al pueblo, se destruyó luego el trabajo para que el dominio también fuese económico vía asistencialismo y planes.

Hay que reconocer que la mafia hizo un constante y tesonero trabajo de reculturalización para quedarse con el poder y el control de los ciudadanos, con aspiración de eternidad.

Pero claro, los otros valores, los del apego a la ley y las instituciones, los que quedaron tapados los últimos 28 años, están todavía latentes en buena parte de la sociedad, porque nos los transmitieron nuestros padres y abuelos, porque nos sale naturalmente cuando le exigimos a nuestros hijos que dejen el juguete de su amigo cuando se retiran de su casa porque “no es suyo”.

Y entonces una vez nos rebelamos. El resultado de las elecciones del domingo pasado es un acto de rebeldía trascendental, una exhibición de coraje, un ponerse de pie ante el avasallamiento de la mediocridad, del delito, de la corrupción, de la burla. Porque en los últimos años se agregó la burla. Cuando la mafia se consolidó no se conformó con robarnos, se burló de nosotros en cada ocasión que se le presentó: mintiéndonos desvergonzadamente, riéndose de nuestras quejas aunque estas fuesen masivas, como el recordado 8N, incluso manifestando “asco” por el que pensaba distinto, poníendonos en el lugar de enemigos.

Decía, el domingo nos pusimos de pie, levantamos la cabeza y con la frente en alto usamos el arma que tenemos, el voto, y con el enfrentamos y derrotamos al fraude, a la patota, a la mafia. Fue un día extraordinario que quedará en la historia. La Provincia de Buenos Aires, de la que se creía no podía ser gobernada por otra cosa que por un “Padrino”, decidió elegir a una mujer joven, inteligente y de familia, para conducir su destino. Se trató de un acto de valentía democrática fabuloso, único.

El 30 de octubre del ’83 de la mano de Raúl Alfonsín nos enfrentamos a la debacle, entendimos que no la merecíamos y fuimos a buscar un destino mejor y nos ganamos nuestra primera gran oportunidad de dar vuelta la historia. Algunos tuvimos el privilegio de siendo apenas púberes, vivir de cerca y acompañar el proceso de crecimiento, desarrollo y consolidación del estadista democrático más importante de la segunda mitad del siglo pasado. Y creímos que dejabamos un legado que no fue. Pero al menos dejamos un ejemplo de que es posible ponerse de pie, enfrentar la tiranía, y derrotar a la patota y la corrupción.

El domingo pasado pudimos haber entrado de nuevo en un proceso similar al de aquel 30 de octubre, no podemos dejar pasar la oportunidad, se nos fueron 32 años en medio, perdimos una o dos generaciones tratando de regresar a aquel punto de partida. Se nos fue la vida en eso. Terminemos el proceso de cambio que empezamos, el domingo 22 de noviembre puede quedar en la memoria fijado con el mismo marcador indeleble que el 30 de octubre, y habremos terminado nuestro trabajo, habremos concluido la siembra de futuro para nuestros hijos. Podremos por fin descansar un poco y disfrutar a nuestras familias en paz, será como dijo Mauricio Macri, el momento de bajar la guardia.

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