LA REVOLUCIÓN DE LA ALEGRÍA

Así sintetiza Mauricio Macri un proceso de cambio cultural inédito en la Argentina, que tiene significados mucho más profundos que la sensación circunstancial de triunfo electoral. Tiene que ver con la recomposición de lazos sociales destruídos por años de enfrentamientos, con el arribo al mandato popular de los hijos de la democracia, con un modo de percibir la administración.

*Horacio Minotti. Director periodístico
*Horacio Minotti. Director periodístico

El candidato presidencial de CAMBIEMOS, Mauricio Macri, sintetiza el fenómeno político que su aparición ha despertado con esa frase: “La Revolución de la Alegría”. Y es una buena síntesis, pero solamente eso, porque el título encierra un cantidad enorme de contenidos y significados de infinita profundidad. Es verdad que la situación electoral y política genera alegría. La salida de la opresión, de la enorme carga conflictiva de los gobiernos en retirada, de la hostilidad, el desprecio y la burla; canjeados por la libertad y el respeto, por lógica genera alegría.

Y esa alegría inicial es un sentimiento simple y espontáneo, pero circunstancial, porque al respeto, a la paz y la libertad tenemos derecho, de modo que entonces en un lapso breve, si eso es todo lo que tenemos en el horizonte, pronto estaremos acostumbrados y tal vez necesitemos más para satisfacer nuestra expectativa como sociedad.

La Revolución de la Alegría implica cuestiones más profundas que apuntan a una construcción de mediano plazo. El reestablecimiento de los vínculos sociales es una de ellas. El respeto y el buen trato hacia los ciudadanos desde el Estado, no es suficiente, es necesario recuperarlo entre nosotros mismos, entre los individuos que componemos la sociedad. El último spot de campaña de Macri, que ilustra esta nota, donde les habla a los votantes de Daniel Scioli y les pide que sufraguen en libertad, y que voten por quien voten, si él resulta electo gobernará para todos, es el comienzo de un proceso reconciliatorio entre los ciudadanos que garantiza la paz social.

El fundamento de la teoría del contrato social que inspira nuestra Constitución Nacional y nuestro sistema político, es la unanimidad. Los componentes del cuerpo social eligen un representante o un grupo de ellos, y establecida la mayoría, ese mandatario lo es de todos, no solamente de los que lo votaron. La teoría entiende que desde esa elección y hasta que se vuelva a elegir, el cuerpo social se comportará como uno en beneficio de todos. La recomposición de los lazos entre argentinos, es fundamental para dejar confrontaciones estériles e inconducentes y encaminarnos al futuro, fijándonos objetivos comunes y yendo a por ellos juntos.

El plan Pobreza 0 de Macri, es parte de la Revolución de la Alegría. Porque ninguno puede ser feliz si nuestro hermano está en dificultades, si le cuesta darle de comer a sus hijos, si mueren de enfermedades facilmente curables. Y también es parte de tal Revolución el funcionamiento institucional. Es imposible que nada funcione si las instituciones no lo hacen. “Democratizar”, palabra tan usada por el kirchnerismo en estos años, no es someter cada cosa a la votación popular. La gente no esta interesada en seleccionar mediante el voto al panadero del barrio. Más democracia es más controles, mejores y mas abiertas formas de participación social en los asuntos públicos.

No podría funcionar un sistema donde no hay organismos de control o están cooptados por el poder, o en el que el Poder estatal encargado de que las leyes se cumplan y se ajusten a la Constitución es condicionado, maltratado o directamente desplazado. La seguridad, la tranquilidad de que si alguno de los hemos elegido se desvía del camino va haber organismos y mecanismos institucionales que lo corrijan y castiguen, es alegría duradera. Porque los que se roban lo nuestro, generan con ello el hambre, la pobreza, la falta de expectativas y la marginalidad, en una sociedad que necesita estar articulada, no marginar.

Son algunos aspectos, pero lo que Macri sintetiza como la Revolución de la Alegría, es un proceso ciertamente refrescante, un punto de partida a una Argentina que nunca tuvimos, sin facciones enfrentándose a muerte. Con debate, intercambio de ideas, por cierto, porque si todas pensasen como yo ¿como aprendo? ¿de quien me enriquezco? ¿ como me cuestiono mis propias ideas para mejorarlas?. Es un ejercicio demasiado complejo crecer solos, uno requiere que el otro le cuestione, le presente una forma distinta de ver la cosas. La Revolución de la Alegría es también el disenso en paz y la búsqueda de puntos comunes o consensuados para crecer.

Tenemos a la mano esa alegría que ya se percibe en la gente. Ya es casi nuestra. La alegría del momento, la de saber que vencimos al miedo y la desesperanza, y también la duradera, de la que el 22 de noviembre, es la primera puerta a atravezar. No es una locura pensar en un país feliz, nos lo debemos, nos lo merecemos y podemos hacerlo, juntos. Lo tenés al alcance de la mano, no lo dejes escapar.

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